El alma ataviada con traje de peregrino transitorio mira desolar los campos donde parecen responderle los viñedos del recuerdo, en los pasados veranos que doraron trigales que ya no volverán más a cortar las hoces del mortal amor, la juventud y la trilladora fe que tritura al son del canto de las alegres cigarras, en los padres olmos, que nunca más volverán a dar sombra cobijadora al canto triste del implacable marco del progreso, que ve pasar el carro repleto de amargura que llora murmurante al silencio, pidiéndole ciertas respuestas que le ha negado el recuerdo porque andando va unos caminos que le resultan muy negros.
¿Me has respondido tú amigo? ¿recogiste de mis llantos las lágrimas que vertieron? ¿cortaste con tus puñales las uvas de mi silencio? No recogerás mis frutos, que lloras tú con anhelos, que los acaricias con tus manos y los cubres con deseos, volando en la noche oscura amores, almas y esfuerzos, etílicas penas dormidas en hatos ligeros de peso, que no andan caminos blancos, que han visto al poeta maltrecho, marchando solo y cansado, patibulario y sincero recordando tiempos pasados, que no pasará más por ellos, pero su pluma levanta, con angustia compone versos, anhela vigas y sogas que pender esperan cuerpos, que liberan a los hombres, que les han quitado el bastón que en tiempos mejores vendimiaron los recuerdos que un día florecieron.
Dentro de la noche oscura ¿amanecerá el silencio? que andando cubre cansado el poeta Mancha adentro, ve que se escapan las sombras de los amigos del viento, brazos desnudos atados al suelo sin vestir con elegancia, las ayudas que yo quiero y que hacen de sus moliendas la paz que estamos perdiendo, ¡qué triste amigo que es esto!, quisiera que me traigan papel de plata, no pierdo empeño en ello, porque quiero escribirte con lágrimas lo que con la pluma no puedo.
Tú que todo lo miras, remueves en lo no hecho, dentro de mi noche oscura que ya huele a cementerio, pide mi cuerpo santo estar solo y en silencio, me da la espalda la familia, me da la espalda este pueblo, sobresale una jauría, no se sabe de qué instrumentos, soy presa de terribles iras.
¿Por qué no veis el mal que me estáis haciendo? Y lloráis con mi desdicha, un gritar de buenos tiempos, ya que solo no se puede andar caminos inciertos y acompañar a festines a los que están hartos de ellos, porque dentro de la noche oscura no amanece sin silencio, y la horca del no traidor Judas espera mi desconcierto.
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